¿Cómo podemos enfrentar la crisis que provoca la pandemia?

El “sentido común” es uno de los sentidos más valorados, sin embargo es el menos común de los sentidos, tal vez porque no ha sido trabajado nunca y es esencial desarrollarlo para liderar mejor, tomar decisiones más acertadas, resolver conflictos, etc.

El concepto se compone de dos palabras: “sentido”, que da la idea de percepción como capacidad de captar la realidad, y “común”, que incluye a un conjunto de personas que tienen la misma visión o dan la misma orientación a las situaciones.

Carecer de sentido común acarrea una serie de problemas en la vida en sociedad y en el propio equilibrio psico-emocional del individuo. Así, en términos generales, el sentido común podría definirse como aquello que debería compartir la especie humana, ya que los animales lo tienen y eso desde luego asegura la supervivencia, individual y de la especie en su conjunto. Si bien estas mismas bases de conducta cooperativa y solidaria están presentes en el ser humano, en la actualidad, la falta de tiempo, las fuertes exigencias laborales, el estrés, la crisis, la pandemia, etc. hacen que las personas solo tengan en cuenta sus propias necesidades inmediatas, sus deseos y además movidas por lo que resulta más fácil o más rápido, sin considerar el impacto que sus acciones o decisiones pueden causar en los demás, o las consecuencias que les puede acarrear a sí mismas, lo cual origina una serie de roces y conflictos que podrían haberse evitado con la aplicación del sentido común.

En épocas de crisis como la que estamos viviendo ahora a causa de la Pandemia, donde las estructuras se tambalean en todos los sentidos, económicos, sociales y culturales, es fundamental desarrollar una visión cooperativa que ayude no sólo a la supervivencia, sino también, favorezca el crecimiento en todos los sentidos. Pero para ello, es necesario cambiar la visión que ha tenido hasta ahora la sociedad tal como la conocemos. Ya no es sostenible la orientación al bien individual, es imprescindible orientarse al bien colectivo y para ello el desarrollo del sentido común resulta una herramienta fundamental.

Así me ha parecido interesante desarrollar un modelo que permitiera recordar lo que para mí son las claves para desarrollar el sentido común, el cual voy a compartir a lo largo de doce entregas, ya que consta de doce claves.

CLAVES PARA DESARROLLAR EL SENTIDO COMÚN

  1. Simplificar las cosas.
  2. Elegir lo esencial.
  3. No victimizarse.
  4. Tomar la discrepancia como oportunidad.
  5.  Ir más allá, pensar en la secuencia o consecuencia.
  6.  Desprenderse de paradigmas.
  7. Ocuparse del proceso.
  8. Corresponsabilizarse de los resultados.
  9. Orientarse al bien común.
  10. Mezclar sabiduría para juzgar y serenidad para decidir.
  11. Usar los errores como fuente de aprendizaje.
  12. No al miedo.

SIMPLIFICAR LAS COSAS

La mayoría de las personas tenemos la sensación que la vida pasa de prisa. Vivimos estresados porque tenemos demasiadas cosas que hacer y no disponemos de tiempo suficiente. Estamos inmersos en una sociedad que nos inunda de información que no podemos asimilar.

Simplificar las cosas significa deshacerse de muchas de las que hacemos que no aportan valor a nuestras vidas para centrarnos en lo importante. Implica preguntarse si lo que se va a hacer, lo que se va a decir, lo que se va a comprar, nos ayudará a simplificar la vida o todo lo contrario.

Es necesario empezar por saber qué es lo más importante en nuestra vida, qué es lo que aporta valor. Para simplificar se comienza priorizando, conservando lo importante y descartando lo que no lo es. Difícilmente se puede conseguir todo, por ello el objetivo es fijar prioridades para orientar nuestra energía hacia el logro de lo que es fundamental.

Para poder simplificar es necesario reflexionar sobre lo que hacemos, cómo lo hacemos y para qué lo hacemos. Si una actividad es capaz de soportar el “cuestionamiento de los cinco porqués”, seguramente es digna de que le prestemos atención. Si algo merece ser realizado, merece también ser planificado, la planificación nos lleva la mayoría de las veces a simplificar la ejecución.

Simplificar también significa invertir el tiempo en actividades y relaciones que merecen la pena, porque nos aportan bienestar o aprendizaje de algún tipo y a las que no lo hacen, aprender a decir “no”, negándonos a que nos consuman tiempo y energía. Gestionar bien el tiempo, es la mejor manera de simplificar, ya que cuanto más productivos seamos, más satisfechos nos sentiremos de nuestros logros y menos esfuerzo nos costará conseguirlos. Es entrar en la rueda positiva, no en el bucle de la ineficiencia.

Reducir los deseos es una forma de simplificarnos la vida, ya que cada vez que deseamos algo ponemos en marcha una serie de mecanismos que nos complican la vida, porque generalmente sólo vemos una única manera de conseguir lo que deseamos y eso la mayoría de las veces es imposible. Como dijo Epícteto: “No pretendas que las cosas ocurran como tú quieres. Desea, más bien, que se produzcan tal como se producen, y serás feliz”. Graf dijo: “Para sentirse, no diremos seguros, pero animados y tranquilos a lo largo de la vida, hay que desear poco y esperar todavía menos”.

Simplificar la vida no es conformismo, ni pereza, sino todo lo contrario. Implica un compromiso personal en utilizar la capacidad de discernir, atreverse a escoger y responsabilizarse de ambas cosas.

En resumen, como alguien dijo alguna vez: “Simplificar es llevar algo a su mínima expresión, es decir, tomar algo muy grande y reducirlo de tamaño pero sin que éste pierda su esencia y siga teniendo el mismo valor”, y esto en sí ya es un trabajo, pero de los que de verdad merecen la pena.

Escrito por: María Julieta Balart Gritti, Socia Directora de Ágama Consultoría y Aprendizaje


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