El (digital) workplace evoluciona y se adapta, ¿y tu organización?

Por Patricia Banda DOLZ, Manager Talento & Transformación, everis Business Consulting y Cristina Parra H. Consultor Talento & Transformación, everis Business Consulting.

Haciendo un repaso a lo largo de la historia -desde la perspectiva del lugar y la manera en que trabajan las personas- podemos concluir que en todas las revoluciones industriales hay un factor común: una evolución en la tecnología y cómo este salto impacta en el espacio físico donde se desempeña el trabajo y en la forma que tienen las personas de trabajar.

La primera revolución industrial introdujo la máquina de vapor, llevando la fuerza de trabajo del campo a las ciudades y viendo cómo “la tecnología” (las máquinas) ayudan a las personas facilitando los trabajos que requerían una elevada carga manual.
El desplazamiento de los trabajadores a las fábricas fue la consecuencia de la segunda revolución industrial, ya que puso a disposición de los trabajadores, el uso de sistemas eléctricos y el trabajo en cadena.

La incorporación de la informática y los primeros ordenadores, así como el nacimiento de Internet fueron la clave de la tercera revolución industrial. La fuerza de trabajo se concentra en las sedes corporativas ubicadas en las grandes ciudades y gana relevancia el sector servicios frente al agrario e industrial.

La revolución en la que nos encontramos inmersos en la actualidad es la revolución digital.

Los constantes y rápidos avances tecnológicos están difuminando la barrera que separa lo físico de lo digital, lo que hace necesario evolucionar el puesto de trabajo tal y como se había concebido hasta ahora. Si bien parece claro que el desencadenante de todas ellas es la evolución de la tecnología, el análisis de esta evolución histórica pone de manifiesto que la clave está en el impacto que el desarrollo tecnológico tiene en las personas, que han visto caer los cánones establecidos y han tenido que cambiar y adaptarse a estas nuevas realidades.

Realizando esta misma reflexión desde la perspectiva de las organizaciones, su objetivo no sólo no ha cambiado, sino que la tecnología las ha vuelto más ambiciosas. ¿Qué es lo que buscan? Desde siempre las organizaciones han buscado lo mismo: generar más ingresos, superar a la competencia y contar con el mejor talento. Dicho con otras palabras, ser más eficientes y productivas, innovar constantemente y ofrecer una propuesta de valor que les permita atraer y retener a los mejores.

REPENSAR PARA TRANSFORMAR

Si nos circunscribimos a la “revolución digital”, para lograr estos tres objetivos es imperativo evolucionar y replantearse ciertos aspectos del modelo tradicional:

La incorporación en el ámbito laboral de tecnologías emergentes tiene un impacto directo sobre el tipo de trabajo que realizan las personas; funciones con una alta carga administrativa tienden a desaparecer fruto de la automatización, mientras que surgen nuevas necesidades.
En función de la edad y del momento vital de las personas, éstas tienen necesidades y objetivos diferentes, aunque se observa un denominador común: demandan mayor flexibilidad y capacidades tecnológicas que faciliten su trabajo.La convivencia de espacios físicos y virtuales deriva en un entorno de trabajo más amplio y líquido en el que la tecnología es el elemento conductor y facilitador.

Ante esto, las organizaciones deben asegurar que ponen a disposición de los empleados los mimbres adecuados (tecnología, metodologías, espacios…) para que sean ellos quienes impulsen la transformación digital en la empresa, empezando por fomentar una cultura digital que se base en la colaboración, productividad, eficiencia, innovación, customer centric… Como consecuencia, lograrán impactar en la experiencia del empleado, y por ende en su nivel de satisfacción.

En línea con esto, es fundamental tener en cuenta que alrededor del 70% de los millennials valora más el workplace que el salario, y si tomamos como ejemplo la previsión para el mercado laboral americano, la evolución demográfica apunta a que en 2020 aproximadamente el 50% de la fuerza de trabajo estará compuesta por millennials, y que en 2025 esta cifra podría alcanzar el 75%.1

Si compartimos esta reflexión, coincidiremos en que el digital workplace es la pieza angular en la transformación digital de las organizaciones y que tiene que evolucionar hacia algo flexible, que facilite la movilidad y la conectividad, apalancándose en herramientas colaborativas y en tecnologías emergentes, como la realidad virtual o la realidad aumentada, que permiten la integración entre equipos remotos, fomentando un entorno abierto de talento.

Combinar el desarrollo del talento interno y atraer a los mejores en los nuevos roles y funciones se antoja como una tarea, a dos velocidades, que las empresas deben compaginar adecuadamente y aprovechar para acomodar el conocimiento de la plantilla a las nuevas exigencias del mercado.

Sin embargo, digital workplace no es sólo tecnología. Por tanto, ¿sobre qué otros ejes deberíamos poner el foco para asegurar que el digital workplace se constituye en un verdadero catalizador de la transformación digital?

  • Cultura organizativa: La nueva forma de trabajar tiene un reflejo directo en los comportamientos y hábitos de las personas que forman la organización; fomentando estos comportamientos, que han de venir esponsorizados y ejemplificados desde la Alta Dirección, y aterrizándolos al día a día de las personas, deberían calar e incorporarse en el ADN de la organización.
  • Workspace: Las oficinas se convierten en espacios físicos abiertos que promueven la colaboración y el trabajo en equipo, tirando abajo las barreras jerárquicas y fomentando la transparencia y la agilidad, al mismo tiempo que permiten conseguir el equilibrio requerido entre la proximidad física de los equipos de trabajo y la flexibilidad demandada, ya que cuentan con la infraestructura tecnológica necesaria para permitir la conexión con los equipos deslocalizados.
  • Workforce: Las organizaciones deben poner el foco en mejorar el compromiso de sus empleados a través de una mayor flexibilidad, empoderamiento, tolerancia al error (controlado) y premiando y fomentando la creatividad de éstos. Así mismo, los cambios derivados de la transformación digital traen como consecuencia la aparición de nuevos roles y funciones que son clave para la consecución del éxito. Combinar el desarrollo del talento interno y atraer a los mejores en los nuevos roles y funciones se antoja como una tarea, a dos velocidades, que las empresas deben compaginar adecuadamente y aprovechar para acomodar el conocimiento de la plantilla a las nuevas exigencias del mercado.
  • Modelo organizativo y de relación: Romper silos interdepartamentales y trabajar de manera transversal, fomentando equipos multidisciplinares para el desarrollo de proyectos permiten a las organizaciones alinear al mejor talento e incrementar el aporte de valor.

Siendo éstos algunos de los aspectos más relevantes y prioritarios sobre los que actuar, debemos tener en cuenta en todo momento la importancia de adecuar todos y cada uno de los pasos que se vayan dando a la realidad de los diferentes equipos que forman la organización, desde la aplicación específica de la tecnología seleccionada hasta las acciones de sensibilización o el diseño del entorno de trabajo.

Si ya estás trabajando estos puntos, e incluso si crees que ya lo has conseguido, recuerda que vivimos en un mundo cambiante y que en los próximos años viviremos nuevas revoluciones donde las herramientas y la tecnología que ahora tenemos disponible estarán obsoletas, teniendo un reflejo directo en nuestra fuerza de trabajo y la cultura organizativa.

¡No dejes de vigilar estos aspectos!


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