Entiende la vida para ser feliz

Editorial ORH Chile5 abril 20207min
Por MARÍA JULIETA BALART, Socia Directora de Ágama, Consultoría y Aprendizaje, S.L

La causalidad no es casual.»Cada uno recoge lo que siembra». Buda

Culturas milenarias hablan del karma que en sánscrito significa «acción» y en el budismo como “la ley de causalidad». En nuestra cultura, el karma sería el equivalente a la ley de Newton, que formula que cada acción conlleva una reacción proporcional. Así, en la vida como en la física, estamos regidos por una relación causa-efecto, que constituye una ley universal.

Es importante que entendamos que todos los fenómenos (mentales o físicos) son interdependientes. Es decir, nuestros comportamientos, nuestras palabras y nuestros pensamientos son causas, y nuestras experiencias, únicas para cada persona, son sus efectos.

La vida es entonces un ‘boomerang’ donde lo malo que hagamos en ella terminará dañándonos. Esta ley universal de causalidad nos afectaría a todos los seres humanos, por lo cual «la felicidad que tengamos en esta vida va a depender de la cantidad de buenas acciones realizadas».

El poder de nuestra mente cuántica

“La mayoría de las personas están pensando en sus problemas en lugar de pensar en las posibilidades”. Joe Dispenza

La física cuántica ha realizado descubrimientos, que de alguna manera validan las creencias de la antigüedad y ha descubierto que todo lo que existe en el universo físico, está compuesto de partículas subatómicas como los electrones. Los electrones existen como una infinidad de posibilidades o probabilidades en un campo invisible de energía y solo cuando el observador se fija en cualquier localización de un electrón, es cuando aparece ese electrón. Esto quiere decir que todo lo que existe en nuestra realidad física, existe como puro potencial.

De acuerdo a este descubrimiento, mente y materia estarían intrínsecamente conectadas, porque si a nivel subatómico la energía responde a nuestra atención y se convierte en materia, nuestros pensamientos y sentimientos no son una excepción. Tanto los pensamientos como los sentimientos tienen una señal electromagnética. Nuestros pensamientos envían una señal eléctrica al campo cuántico y nuestros sentimientos tendrían el poder de “atraer magnéticamente” situaciones en la vida.

Joe Dispenza, bioquímico y neurocientífico, abanderado de la mente y la realidad cuántica, afirma que “la mente determina la experiencia exterior, porque todo se reduce a campos de energía, de modo que nuestro pensamiento altera constantemente nuestra realidad”. Así pues, según Dispenza, parte del cambio para crear la vida que queremos, radica “en ser más grandes que las circunstancias de nuestra vida”.

Entonces cuando se unen de manera coherente lo que pensamos y lo que sentimos, se produce un estado del ser que genera una huella electromagnética, que a su vez influye en cada átomo de nuestro mundo. Por lo tanto, hay una infinidad de posibles huellas electromagnéticas (de riqueza, libertad, salud, felicidad) que ya existen como un patrón de frecuencia de energía.

La coherencia entre lo que pensamos y sentimos es la clave, ya que las ondas de una señal son mucho más potentes cuando son coherentes. Cuando nuestros pensamientos son claros y centrados en el objetivo, van acompañados de una verdadera implicación emocional, que hace que transmitamos una señal electromagnética más potente, la cual nos acerca hacia una posible realidad coincidente con la que deseamos.

Por lo cual, si hablamos de felicidad, es necesario que nos preguntemos: ¿Qué estamos transmitiendo (de manera consciente o inconsciente) en la vida cotidiana? ¿Cómo nuestra mente influye en nuestra felicidad? ¿Podríamos ser más felices si fuésemos mejores observadores de la vida que deseamos vivir? ¿Es posible, que, si cambiásemos nuestras creencias y emociones y estas fuesen coherentes, crearíamos un nuevo campo electromagnético que coincidiera con nuestros deseos para ser felices?

Qué hay que entender de la vida

Que vivimos auto-engañados, debido a que, por la forma en que está conectado nuestro cerebro, sólo vemos lo que creemos que es posible, ya que estamos condicionados por patrones mentales que ya existen dentro de nosotros mismos, cerrándonos a todo aquello que no encaje con los mismos. Por lo tanto, es posible que por un lado deseemos conseguir algo, pero que tal vez, creencias arraigadas en nuestro subconsciente nos estén boicoteando esa posibilidad, al no haber coherencia entre lo que pensamos y sentimos.

Debemos entender que para el Universo somos simplemente partículas, pero no por ello menos importantes, cada uno de nosotros somos en sí un universo, por ello es importante comprender que todo lo sucede fuera es un reflejo de lo que nos sucede dentro, que nada es casual, sino causal, que no somos víctimas, sino artífices de nuestro propio destino, que somos responsables de lo que hacemos y corresponsables de lo que generamos.

Cuando nuestros pensamientos son claros y centrados en el objetivo, van acompañados de una verdadera implicación emocional, que hace que transmitamos una señal electromagnética más potente, la cual nos acerca hacia una posible realidad coincidente con la que deseamos

Es importante, además, que tomemos consciencia que es nuestra responsabilidad pensar y sentir bien, ya que los pensamientos positivos y los buenos sentimientos, crean campos energéticos positivos y en cambio los negativos, todo lo contrario, y somos los responsables entonces de generar un estado u otro.

Todo ocurre por algo, todo lo que nos sucede son experiencias vitales y es nuestra responsabilidad, decidir qué hacemos con ello. Nuestra vida no está guiada por la suerte o las coincidencias, por lo que no hay lugar para el victimismo, pero sí para la responsabilidad de desear lo que queremos y sentirnos empoderados a conseguirlo si somos capaces de alinear de forma coherente lo que pensamos, sentimos y hacemos.

Y, por último, debemos asumir que todo lo que nos sucede en la vida tiene un sentido, que todo sufrimiento es una fuente de aprendizaje que nos sirve para crecer y que somos los creadores de nuestra felicidad si comprendemos que hemos venido a este mundo a crecer y ser felices en el proceso. Como dice Dispenza:

“O somos las víctimas de nuestra realidad o los creadores”.


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