¿Por qué en ocasiones nos sentimos incapaces de abordar determinadas situaciones? ¿Por qué a veces tenemos la sensación de no aprovechar al máximo nuestros talentos? ¿Qué nos impide con frecuencia cambiar, iniciar nuevos proyectos relacionarnos con gente desconocida?
La respuesta a estos interrogantes es que tenemos miedo, miedo a afrontar, miedo a perder o miedo a no ser apreciados. El miedo, tal y como lo define la RAE, es una “perturbación del ánimo que se presenta cuando la persona se enfrenta a situaciones de peligro, sean éstas de carácter real o imaginario”.
El miedo es la emoción que surge cuando percibimos la realidad como una amenaza y su dimensión será mayor o menor en función de los recursos o capacidades que consideremos tenemos para enfrentarnos a la misma.
El miedo, como el dolor, es una emoción adaptativa, que existe en nuestras vidas porque es útil para la supervivencia, nos ayuda a defendernos de los peligros externos; nos ayuda a anticiparnos, a superarnos y a crecer. Ahora bien, cuando esa emoción se convierte en una emoción tóxica, negativa y destructiva; cuando el miedo se convierte en irracional y excesivo, tan intenso y duradero que bloquea nuestras capacidades… entonces, es necesario aprender a controlarlo.
En ocasiones, resulta complicado identificarlo como la emoción básica que está detrás de nuestras acciones, porque el miedo tiene muchas manifestaciones:

 

  • En función de la intensidad, el miedo puede manifestarse en forma de malestar leve, recelo, ansiedad anticipatoria, temor, pánico bloqueante, fobia, angustia o terror.
  • En función de los comportamientos asociados, el miedo puede aparecer en forma de: tristeza, agresividad, aislamiento, celos, culpa o vergüenza.
Sea como fuere y tenga la cara que tenga, es preciso aprender a gestionar los miedos que limitan nuestras vidas, ya que vivir en el miedo tóxico tiene graves consecuencias para nuestra salud física, mental y relacional.

 

  • El miedo puede generar violencia. Las personas movidas por el miedo pueden experimentar reacciones desmedidas de defensa y de ataque que pueden dificultar sus relaciones interpersonales.
  • El miedo puede provocar bloqueos en la capacidad de progresar personalmente. El miedo limita la capacidad de crecimiento personal. Las personas con miedo se protegen, instalándose en la zona de confort, que, aunque pueda ser una zona poco “confortable”, es un lugar que les permite la seguridad de lo conocido.
  • El miedo puede lastimar la construcción de la autoestima. Las personas que viven en el miedo refuerzan la creencia de que no disponen de los recursos necesarios para gestionar su propia vida y como consecuencia, su autoestima y autoconfianza se ven minadas, con la consecuente repercusión en su capacidad de acción.
  • El miedo puede generar timidez, tensión… El miedo tóxico provoca aislamiento y dificulta las relaciones interpersonales, al tiempo que se acompaña de tensión emocional que puede influir en funciones vitales como el hambre, el sueño, etc.
  • El miedo puede dificultar la creatividad.
  • El miedo puede afectar a la salud física. Las investigaciones en el campo de la salud y estudios como los aparecidos, por ejemplo, en el diario Psychology and Aging, han descubierto vínculos físicos entre células del sistema nervioso y el sistema inmunológico, haciendo a estos dos sistemas interdependientes. Dichos estudios señalan que las emociones perturbadoras influyen negativamente en la salud, favoreciendo la contracción de ciertas enfermedades.
Está comprobada la influencia que tienen nuestros pensamientos y expectativas en las realidades que vivimos. Nuestro mundo de creencias es nuestro principal motor y nuestro principal freno para los retos que nos planteamos.
Las cosas no son como son, son como las vemos. Una misma situación, observada por dos personas diferentes, puede tener diferentes interpretaciones. Lo que a algunos de nosotros puede parecernos una oportunidad, a otros puede parecerles una amenaza.
Cuando nos sentimos amenazados por una determinada situación, nuestro cuerpo acciona comportamientos que nos ayudan a liberar ese sentimiento. A veces huimos, escapamos de esa situación que nos genera tensión y nos hace sentir en peligro; otras veces atacamos, como una manera de aliviar la presión de sentirnos amenazados y otras veces negamos la emoción, escondiendo los sentimientos verdaderos para no tener que enfrentarnos a ellos.
Normalmente el miedo llega a nuestro organismo de forma automática, pero es responsabilidad nuestra dejar que se instale en nuestras vidas o hacerlo desaparecer. El miedo se instala y nos “secuestra emocionalmente” cuando nuestro diálogo interno se centra en la búsqueda de indicadores que nos reafirman en una lectura amenazante de las situaciones que vivimos. Desde esa situación de “secuestro emocional”, resulta más complicado generar alternativas que nos ayuden a ampliar perspectivas, a obtener otras visiones y encontrar otras posibilidades.
Cualquiera de estos comportamientos están sustentados en el miedo y reducen sensiblemente la capacidad que tenemos las personas para valorar alternativas y generar soluciones. El comportamiento agresivo, por ejemplo, no elimina el miedo, sólo alivia momentáneamente la tensión que la persona siente al verse “amenazada” por una situación, pero no crea las condiciones para que, a futuro, la persona pueda relacionarse con situaciones parecidas, desde otra posición. Al contrario, el comportamiento agresivo posiblemente sitúe a la persona ante nuevos escenarios amenazantes.
Los miedos que no gestionamos nos persiguen a lo largo de nuestra vida, con distintas formas y en diferentes circunstancias, pero los miedos no gestionados no desaparecen. Cuando aprendemos a vivir las situaciones como una oportunidad, generamos emociones más positivas que nos ayudan, a su vez, a generar más oportunidades de aprendizaje y crecimiento; saliendo fortalecidos de cualquier situación que aparezca en nuestra vida y nos toque gestionar.
Las personas no siempre elegimos las circunstancias que nos rodean; sin embargo, es responsabilidad nuestra aprender a vivir con esas circunstancias de la mejor manera posible.
Escrito por: Pilar Pato
Si te interesa profundizar más sobre este tema puedes leer Gestión del Miedo II

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