Gestionar las emociones; lo que la pandemia ha enseñado a las organizaciones.

Por Jocelyn Ann Black Duvanced, Gerente Comercial y Asuntos Corporativos Imelsa

Nos acostumbraremos por un tiempo a medir la temperatura física de los colaboradores, pero la medición de temperatura anímica, deberá ser permanente”.

Esta pandemia nos ha enseñado mucho y no sólo ha desafiado a los gobiernos, a los centros de salud, a la ciencia, sino también ha desafiado enormemente a las empresas; su cultura, su estructura organizacional, sus sistemas, sus procesos y sus equipos, no importando el tamaño ni el rubro.

El teletrabajo, acelerado por causa del Covid-19, es sólo una pequeña parte de los aprendizajes que nos ha generado esta situación. Para el trabajo remoto algunas empresas estaban más preparadas que otras. Incluso las que no lo estaban, al menos tuvieron tiempo para hacer simulacros. Pero eso no fue todo, en el camino fueron apareciendo otras dificultades, porque los procesos también debían ser posibles de ser ejecutados a distancia y el sistema digital de las compañías debía ser capaz de dar el soporte necesario a los colaboradores para que su productividad no se viera más impactada de lo que ya estaba en medio de un formato de teletrabajo atípico.

Pero hasta ahí, las empresas podían aplicar soluciones técnicas para aquellos problemas técnicos. Pero lo que fuimos descubriendo además de las complejidades operacionales, era que las soluciones técnicas no se podían aplicar a problemas adaptativos de las personas y de los equipos. Y aún más difícil era entregar soluciones para el abanico de emociones que comenzaba a generar la pandemia.

Es entonces cuando comienza a observarse un giro en las organizaciones. Cuando ellas toman consciencia que, para poder mantener los compromisos y la operación de la compañía, deben imperativamente focalizarse en las personas.

El capital humano que para muchas empresas era declarado como su activo más importante, tomó aún mayor relevancia y para quienes lo tenían declarado en una Política colgada en la pared, pudieron entender el peso de la frase en su organización. Y es que, sin sus equipos comprometidos y con una cultura de base, muchas empresas no hubiesen logrado ni la mitad de sus compromisos hasta ahora. Los colaboradores han sido un pilar fundamental, por sobre cualquier proceso y plataforma.

Todo lo anterior ha impulsado en muchas empresas una preocupación por el bienestar del colaborador que se ha instaurado de forma imperativa y definitiva. Las empresas han comprendido que, sin sus colaboradores sanos, competentes, comprometidos y alineados es mucho más difícil que los procesos se cumplan, que se hagan las entregas a los clientes y se siga manteniendo la rentabilidad para los accionistas. Han comprendido que, para enfrentar las crisis, se requiere tener una cultura organizacional fortalecida que permita que el barco no pierda el rumbo y que los pasajeros no lo abandonen a la primera tormenta o a la primera escasez de recursos. Para ello, los pasajeros y tripulantes necesitan sentirse protegidos y confiados en que éste cuenta con una estructura, con instrumentos y un capitán capaz de acamarlos, gestionar sus miedos y llevarlos seguros a puerto.

El aprendizaje de esta emergencia para las empresas no tiene precedentes. Las transformaciones ya están ocurriendo y deberemos acostumbrarnos a hacer negocios considerando más factores de los que antes manejábamos.

El retorno a las instalaciones y el trabajo físico en equipo será sin lugar a dudas un nuevo y enorme desafío. Porque ahora sabemos que las emociones, que se producen por factores internos o externos, son parte de los elementos que la organización debe poder diagnosticar, evaluar y manejar.

Por mucho tiempo deberemos tomar la temperatura física de los colaboradores, como parte de los protocolos de prevención. Pero ahora, tendremos que acostumbrarnos a mantener lo que hemos aprendido en este proceso y es que también se debe tomar la temperatura anímica de las personas. Nos acostumbraremos por un tiempo a medir la temperatura física, pero la medición de temperatura anímica, deberá ser permanente. Tal vez no diariamente, pero si con mucha mayor frecuencia que antes.

No hay mejora continua si seguimos haciendo mediciones o evaluaciones una vez por año. La temperatura tendrá que ser medida con mayor frecuencia y de acuerdo a los resultados tendremos que aprender a ajustar las acciones con velocidad, flexibilidad y creatividad. Pero, además, los promedios de las temperaturas de los colaboradores no serán suficientes. Hemos aprendido que los síntomas son diferentes en cada uno de ellos y por eso, las acciones a tomar, también deben serlo.

Pero si esa tarea de medición es sólo de un área, será una gran carga de trabajo para los Departamentos de Personas y tal vez imposible de poder ejecutar. Es cuando el nuevo rol del líder toma protagonismo. Ellos deberán acostumbrarse a evaluar los equipos y a cada uno de sus integrantes. Aprender a diagnosticar el estado de salud y detectar a tiempo si requieren de apoyo. Los líderes deben desarrollar la capacidad de conversar, medir, evaluar, tal vez hasta diagnosticar, para poder accionar los procesos y los apoyos que se necesiten para que las personas mantengan una salud anímica que contribuya al equipo, a la productividad y permita a la empresa seguir el camino que se ha trazado.

La función del líder implicará nuevas competencias que tendrán que ser entrenadas. El líder es el nuevo instrumento que tendrán las organizaciones como termómetro para medir las emociones de las personas y el resultado de las acciones directas e indirectas sobre ellas. El Departamento de Personas es el nuevo especialista, capaz de mentorear a los líderes, asesorarlos en técnicas para evaluar, recoger y accionar, para mantener el estado anímico de sus equipos en una posición que sea saludable para las personas y beneficiosa para la organización. Un cruce interesante entre los líderes y los departamentos de personas, un intercambio de conocimientos y aprendizajes que sólo puede traer beneficios a las personas que forman parte de la organización.

Gestionar las emociones, es la nueva forma de cuidar del bienestar de los colaboradores y las organizaciones van a ir descubriendo lo contagiante que puede ser hacia los clientes y los impactos positivos que generarán en la estrategia y el negocio, el que sus colaboradores estén sanos, tranquilos, seguros y entusiasmados.

Jocelyn Ann Black Duvanced, Gerente Comercial y Asuntos Corporativos Imelsa
Jocelyn Ann Black Duvanced, Gerente Comercial y Asuntos Corporativos Imelsa

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