Las emociones del profesional en tiempos de pandemia

Desde el pasado mes de marzo, miles de profesionales han cambiado su puesto de trabajo en la oficina por una mesa del salón o, con suerte, por una habitación propia dentro de casa. De un día para otro, las estructuras de las organizaciones cambiaron de golpe sin ningún tipo de preparación ni estrategia y eso ha transformado radicalmente no sólo la forma de trabajar sino también, y probablemente más importante, la forma de gestionar a los equipos.

Mucho se ha hablado de las bondades del teletrabajo, que las tiene sin ninguna duda: menos tiempo perdido en el atasco, más tiempo para uno mismo, flexibilidad en los horarios y en las tareas, reducción del absentismo, más productividad… y una larga lista de factores que inciden directamente en el bienestar de los profesionales. El conflicto que ha aparecido estos meses en miles de empresas surge, sin embargo, porque hemos llamado teletrabajo a lo que en realidad ha sido trabajar a distancia, es decir, no se ha preparado suficientemente bien ni a los equipos ni a los líderes de los equipos ni las infraestructuras ni los procesos para poder aprovechar todas esas ventajas que promulga el teletrabajo y lo único que ha sucedido es que hemos trasladado el puesto de trabajo de la oficina a casa.

Es cierto que muchas organizaciones, especialmente las más grandes, ya contaban con equipos dispersos en diferentes ciudades o en clientes y proveedores, por lo que sólo han tenido que adaptarse a la hora de adecuar sus estrategias; pero muchas otras, la mayoría, han pasado de controlar a todos los empleados desde muy cerca a tener que mantener la cultura corporativa en cientos de entornos diferentes. Es decir, lo que la mayoría de las organizaciones ha hecho es trasladar el puesto de trabajo en la oficina a la casa del profesional. Sin más.

 

El hecho de no haber tenido en cuenta la heterogeneidad en la situación personal, física y de recursos de cada profesional ha provocado que la gestión de las emociones se tenga que situar en el centro de las políticas de recursos humanos ahora mismo.

 

EL SALÓN NO ES LA OFICINA

El hecho de trabajar en un entorno favorable, más amigable y conocido no quita que conlleve una serie de aspectos negativos que no se habían considerado: niños sin cole, parejas con sus propios ritmos de trabajo, equipos informáticos compartidos por toda la familia… y lo que es muchas veces lo más importante, sin la válvula de escape que supone la comunicación directa y habitual con los compañeros de trabajo.

Esto ha provocado en muchos profesionales una serie de trastornos emocionales que se pueden asemejar a los que se viven en los periodos de duelo, debido a la incertidumbre que hemos vivido durante todo el confinamiento: se ha pasado desde la fase inicial de shock y negación ante una situación imprevista hasta la aceptación del cambio pasando por la ira, la capacidad de negociación con uno mismo e, incluso, en muchas ocasiones, la depresión.

Además, en muchas ocasiones cada profesional ha tenido que gestionar esas emociones por sí mismo a falta de contar con expertos en la empresa. Destaca especialmente cómo han sufrido esta situación especialmente algunos jefes de equipo, a los que se les presupone un liderazgo y unas fortalezas –en sus entornos habituales- que han provocado que no estuvieran preparados para verbalizar sus debilidades: falta de motivación propia, incapacidad para motivar a sus equipos, problemas en la gestión del tiempo… Inquietudes, por otro lado, muy normales aunque sigan suponiendo un tabú para muchos porque prefieren no hablar de debilidades.

 

LA COMUNICACIÓN NO VERBAL IMPLICA LIDERAZGO

Los profesionales acostumbrados a tratar con proveedores y clientes han visto también cómo su forma de trabajar cambiaba drásticamente. Especialmente en nuestro país, en donde las negociaciones se cierran frente a una comida, en donde la empatía y la simpatía son criterios fundamentales para cerrar cualquier discusión, el nuevo paradigma obliga a negociar a través de una pantalla y no todos estamos preparados para ello. Cómo preparar una reunión telemática en la que el entorno es fundamental, técnicas de negociación diferentes, preparación de argumentos y su exposición de forma empática y convincente… se han convertido estos meses en una pesadilla para muchos y en la prueba de liderazgo para otros.

Desde las áreas de gestión de equipos, además de coordinar todo lo anterior, se ha vuelto fundamental la necesidad de incrementar y estandarizar los niveles de comunicación con todos los profesionales de la organización y aquí es donde se demuestra también la capacidad de liderazgo de los jefes de equipo. Ya no existen las charlas de pasillo o en la cantina con un café, donde las conversaciones distendidas dan tanta información sobre la satisfacción, las expectativas o las preocupaciones de los profesionales que tal vez por timidez no suelen expresar claramente sus inquietudes… o donde se crea la verdadera conciencia de equipo en las organizaciones, ya que es el lugar común en el que se puede hablar de aficiones, de los planes del fin de semana. Por ello, es importante en esta nueva normalidad, mantener el contacto directo y anónimo con los profesionales, ya sea a través de encuestas, de salas de videoconferencia específicas o mediante llamadas de teléfono.

 

CUANDO SALIR DE TRABAJO NO ES POSIBLE

La experiencia de estos meses demuestra también que muchos profesionales han tenido problemas de desconexión: el hecho de “salir de la oficina” y dejar las preocupaciones del trabajo en la mesa del despacho cuando se trabaja en casa no existe. Si esta situación se gestiona correctamente, puede incluso llegar a considerarse un aspecto positivo en las personalidades más pesimistas, ya que se aprovecha el trabajo como válvula de escape a la situación externa que les produce zozobra. Pero si esta situación no permite descansar o desconectar lo suficiente para ser productivo al día siguiente, no solo en el trabajo sino en sus tareas personales, entonces nos encontramos con un verdadero problema.

La situación extraordinaria que nos ha sobrevenido debido a la pandemia causada por el COVID-19 nos ha hecho modificar nuestra forma de atajar los problemas que nos encontramos en la oficina. La capacidad de adaptación tanto de empresas como de profesionales, especialmente en la gestión de las emociones ante una situación llena de incertidumbres es lo que ha provocado que haya organizaciones que han mantenido el pulso y otras que se han bajado del tren de la competitividad. Si hemos aprendido algo o no, solo el tiempo lo dirá.

Gloria Valle, directora de Talento en Syntonize.


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