RECURSOS PARA ENFRENTAR LA ADVERSIDAD: SER, TENER, PODER, CREER

El término resiliencia proviene del latín resilio, que originariamente significaba rebotar. En Química se utiliza para nombrar la capacidad de los metales de ser sometidos a una presión extrema y resistirla sin desestructurarse. Y finalmente, en Biología hacer referencia a la propiedad de los huesos de volver a crecer de forma correcta después de una fractura.

La Psicología comunitaria pidió prestado el término resiliencia para nombrar la capacidad que presentan las personas o grupos humanos de enfrentar de manera efectiva situaciones de adversidad, logrando no caer en situaciones de estrés agudo, desorden conductual, crisis personales, etc.

El modelo de la resiliencia trabaja con tres conceptos clave.

1. De un lado están los factores estresores, que corresponden a aquellas situaciones externas a la persona o grupo que traen altos grados de adversidad a sus vidas. Piense, por ejemplo, en reestructuraciones laborales, situaciones de pobreza extrema, terremotos, confinamiento sanitario, entre otros. La característica de estos factores es que forman parte del contexto de las personas y ellas no poseen capacidad de modificarlos, por lo que se mantendrán allí por un tiempo significativo.

2. De otro lado están los factores protectores, que son aquellos recursos que poseen las personas para enfrentar con éxito la situación de estrés prolongado y no modificable. Aquí se encuentran, por ejemplo, el buen humor, la fe o propósito que mantiene a las personas vinculadas a un futuro mejor, la compañía afectiva, las redes de ayuda, etc.

3. Y finalmente están los factores amplificadores, que corresponden a aquellas personas o situaciones que pertenecen al contexto cercano y que operan como verdaderos multiplicadores de la situación de adversidad.

Por ejemplo, pueden ser factores amplificadores las redes sociales, los jefes que operan bajo descontrol o los compañeros que nos invitan a rendirnos, entre otros.

Así como no hay posibilidad de intervenir en el corto plazo sobre los factores estresores, las personas si pueden operar sobre la construcción de factores protectores y la disminución o eliminación de los factores multiplicadores.

Entonces, la resiliencia opera sobre la base de que, estando en una situación estresora que no podemos modificar, la forma de enfrentarla positivamente es potenciar los factores protectores, construyendo verdaderos escudos cognitivos, emocionales, conductuales y relacionales para resistir la adversidad y disminuyendo los factores amplificadores que agregan estrés innecesario a la situación de por si desafiante.

La perspectiva de la resiliencia es particularmente útil para el liderazgo, en especial en situaciones de estrés prolongado para los equipos como puede ser un proceso de reestructuración organizacional, un cambio radical en las condiciones de la industria y, por supuesto, la situación de cuarentena provocada por el covid-19.

Inspirado en el modelo de Grotberg, he desarrollado cuatro dominios en donde los líderes pueden intervenir a través del coaching personal y/o grupal para desarrollar capacidades de resiliencia que permitan navegar bien en aguas turbulentas.

Grotberg señala que las personas pueden encontrar recursos de resiliencia mirando su ser, su tener y su poder. Nosotros añadiremos su creer.

Así, la expresión “Yo soy” hace referencia a todos los recursos de personalidad, carácter o historia que son factores protectores ante el estrés. Alguien podría decir “yo soy creativo”, “adaptable”, “sistemático”, representando así los recursos positivos con los que cuenta para enfrentarse a la situación desafiante. El líder puede provocar este reconocimiento preguntando por cuáles son los recursos de tu forma de ser que te ayudarán en esa circunstancia, generando sesiones de retroalimentación positiva al interior del equipo y mostrándole a los colaboradores los recursos personales que poseen.

El decir “Yo tengo” conecta a las personas con las redes de ayuda y colaboración y los recursos con que cuentan para enfrentar la situación. Así, algunos podrán decir “tenemos a un equipo de trabajo”, “tengo la posibilidad de trabajar desde la casa”, “tengo familiares que me apoyan”, “tengo conocimientos sobre la situación que enfrentamos”, “tengo el apoyo de una empresa sólida”. Los líderes pueden abrir este espacio preguntando por cuáles son las redes de apoyo y colaboración que posees o con qué recursos cuentas para enfrentar la situación.

EL “Yo puedo” hace referencia a las acciones que puede realizar la persona o equipo para activar factores protectores o desactivar factores amplificadores, es decir, con aquello que se encuentra dentro del radio de acción e influencia de los colaboradores o equipo. Por ejemplo, puedo pedirle al equipo que no hagamos conferencias on line fuera del horario laboral, puedo pedirle a un familiar que me ayude a cuidar a los niños, puedo pedirle a mi jefe capacitación, etc. Tan importante como activar es la posibilidad de alejarse de dinámicas amplificadoras; entonces, una persona podrá decidir reducir su exposición a redes sociales, dejar de escuchar a la persona que lo mantiene en condición de rendición a la adversidad, salirse del grupo de Whatsapp que solo aumenta la irritabilidad, etc.

Como decía anteriormente, a estos tres “yo” hemos añadido un nuevo dominio, el “Yo creo”, pues está comprobado por numerosas investigaciones que la construcción de sentido y propósito en medio de la adversidad es uno de los factores protectores más potentes para enfrentarla con éxito. Ejemplos hay muchos: aquel niño que en medio de una situación de pobreza extrema encontró en su propósito de ser deportista un escudo protector; los que enfrentaron el dolor de la pérdida de un ser querido apoyados en su fe; quienes transformaron la cuarentena en una oportunidad para consolidar la relación familiar, volver a reencontrarse con sus hobbies o como un doctorado en aprendizaje emocional, etc. Si bien muchas veces no sabemos por qué motivo pasan las cosas o si simplemente suceden sin motivo alguno, las personas tenemos que dar sentido a lo que vivimos pues ello nos regala motivación, perspectiva y fuerza de ánimo para enfrentarlas. No es entender las causas de lo que sucede lo que aporta resiliencia, sino darle sentido y propósito a la travesía a través de la noche oscura.

En tiempos de crisis y adversidad, el liderazgo presenta una cara paradójica: por un lado, es un factor que agrega estrés a la situación pues le toca al líder la misión de mantener el ritmo de trabajo, fijar metas, tomar decisiones difíciles y comunicar decisiones impopulares. Sin embargo, también puede jugar el rol de factor protector o amplificador del estrés, ya sea que siga el camino de solo demandar, exigir y presionar en medio de la tormenta o de tomar la ruta de ayudar a las personas y equipos a encontrar escudos protectores en sus formas de ser, en sus redes de recursos y colaboración, en sus posibilidades de acción y en el sentido personal y grupal que demos a los tiempos difíciles.

Escrito por CARLOS SANDOVAL P., socio de SP Consultores Chile

 


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