Por SUSANA CRUCES DOPICO Consultoría y Aprendizaje

“Yo creo que nada sucede por casualidad, en el fondo las cosas tienen su plan secreto, aunque nosotros no lo entendamos.” La Sombra del Viento, Carlos Ruiz Zafón

Del ¿por qué? al ¿para qué?

Cuando miramos hacia atrás y revisamos o revivimos algunos de los acontecimientos de nuestra vida que supusieron un cambio y que además nos provocaron dolor, angustia, rabia etc., es muy probable que recordemos la pregunta que nos asaltó en aquellos momentos de dificultad: “¿por qué?” ¿Por qué me pasa esto a mí? ¿Por qué tengo que sufrir?

Viendo las cosas con perspectiva, podemos descubrir que quizá la pregunta no solo no era la correcta, sino que además contribuía a aumentar el dolor, la angustia, la rabia, fomentando por añadidura, la sensación de victimismo y desesperación y por supuesto originando otro interrogante también recurrente: “¿qué voy a hacer ahora?”

Quizá en esos momentos no nos dábamos cuenta de que lo mejor que podíamos haber hecho era cambiar nuestro cuestionamiento y en lugar de ¿por qué? preguntarnos “¿para qué?”.

No se trata de una simple cuestión semántica. Aunque la diferencia parezca mínima, la intención y los resultados que se pueden obtener suelen ser muy distintos. Cuando nos preguntamos ¿por qué? con una connotación además lastimera y victimista, lo que obtenemos nos conduce a la justificación, a la parálisis, buscamos una explicación que a veces no existe, lo que incrementa nuestro malestar, nuestra insatisfacción y nuestra frustración.

El ¿para qué me sirve lo que me está pasando?, por el contrario, refleja acción y posibilidades. Conlleva una actitud activa frente a los cambios, nos anima a explorar y a descubrir nuevas formas de actuar, qué podemos hacer, cómo mejorar nuestra flexibilidad y adaptabilidad a las nuevas situaciones y, sobre todo, nos ayuda a entender y a aceptar que a veces perdemos algo para ganar otra cosa. No se trata de conformarnos o resignarnos a lo que nos pasa, sino de aceptar lo que nos pasa.

Cómo pasar del ¿por qué? al ¿para qué?

Afrontar el cambio requiere su proceso y el inevitable tránsito por una serie de etapas: negación, resistencia, exploración y compromiso, como definieron Dennis T. Jaffe y Cynthia D. Scott basándose en el trabajo de Elizabeth Kubler- Ross.

Pasar del ¿por qué? al ¿para qué? puede acelerar ese recorrido para afrontar el cambio de manera positiva.

La pregunta ¿por qué? nos acompaña en esas primeras fases en las que la negación, confusión, incredulidad e incertidumbre están presentes. Para avanzar hacia el ¿para qué? es fundamental identificar y ser conscientes de lo que pensamos, sentimos y por tanto estamos haciendo. Cambiando el pensamiento negativo por otro positivo, el sentimiento cambiará y tendremos confianza para generar una acción positiva que nos permita afrontar el cambio, realizar la acción más adecuada y actuar de forma más creativa y eficaz.

Llegamos al ¿para qué? cuando somos capaces de transformar nuestra percepción sobre el cambio y en lugar de verlo como una amenaza, que nos genera miedo, inseguridad y desconfianza, lo vivimos como una oportunidad de crecimiento y de desarrollo; esto nos estimula a tener una visión positiva de la realidad y nos da la autoconfianza y el valor necesarios para afrontarla eficazmente.

Decía Nelson Mandela que “no es valiente quien no tiene miedo sino quien sabe conquistarlo”.

Para afrontar positivamente el cambio es necesario identificar nuestros miedos y superarlos, ¿cómo? actuando, no esperando a que las cosas ocurran sino analizando qué está en nuestras manos hacer para enfrentar la situación y si algo sale mal, aprender de los errores para volver a intentarlo, utilizando y confiando en nuestras capacidades; por supuesto siempre con la honestidad y humildad necesarias para reconocer nuestras limitaciones y qué debemos aprender o mejorar para tener éxito en la nueva etapa o situación.

De esta manera conseguiremos la dosis necesaria de motivación para perseverar a pesar de las adversidades y valorar los resultados que consigamos por pequeños que sean, aumentando así nuestra sensación de logro y nuestra autoestima.

Conclusión

Decía Steve Jobs en su famoso discurso en la Universidad de Standford:

“No podéis conectar los puntos mirando hacia el futuro; solo podéis conectarlos mirando hacia el pasado. Por lo tanto, tenéis que confiar en que los puntos, de alguna manera, se conectarán en vuestro futuro”.

Mirando hacia atrás, podemos ver con mucha frecuencia que lo que en su momento fue un cambio que consideramos dramático, duro e incluso inabordable, a lo mejor resulta que nos permitió tener otras cosas que hoy “conectando los puntos” podemos llegar a valorar.

Y es que los cambios son lo que son: cambios, y nos acompañan a lo largo de nuestra vida; están ahí y cuando surgen y los afrontamos de forma positiva nos dan la posibilidad de reinventarnos, de liberar todo nuestro talento, nuestro potencial, de renacer y obtener la mejor versión de nosotros mismos.


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